Escritor Marcelo Estefanell: Un puente entre Don Quijote, Sancho Panza y Carlos Gardel

 Escritor Marcelo Estefanell: Un puente entre Don Quijote, Sancho Panza y Carlos Gardel

Don Quijote de la Mancha es “la primera novela moderna que se escribió”, así como Carlos Gardel “inventó el tango-canción”, dijo el escritor y diseñador gráfico Marcelo Estefanell en Informativo Carve Fin de Semana.

En noviembre, el autor sanducero lanzó su último libro -“De todos los nombres, el nombre”- editado por Aguilar, en el que evoca su infancia en Paysandú a fines de los años 50 del siglo pasado. Obra que se suma a “Don Quijote a la cancha” (2003), “El retorno de Don Quijote, caballero de los galgos” (2004, novela premiada con el Bartolomé Hidalgo) y “El hombre numerado” (2007).

Define a su esposa, Delie Ribot, como “la primera editora” de sus textos y “la que ‘peina’ los horrores que uno comete”.

Relató que su pasión por Don Quijote y por Miguel de Cervantes Saavedra se despertó tal vez “inconscientemente” por medio de su tío Carlos Estefanell, que era profesor de Literatura y poeta, “tenía dos ídolos -Cervantes como escritor de novelas y José Enrique Rodó como pensador- y contaba anécdotas de Sancho y Don Quijote como si estuviera hablando de vecinos nuestros”.

El principal mensaje del “ingenioso caballero” manchego es ser siempre “el protector de las viudas y de los huérfanos”, “el ‘desfacedor’ de entuertos” -como el mismo personaje decía, en castellano antiguo- y el que “siempre ayuda al que se le cruza, independientemente de su clase social”, señaló.

“Sin olvidar a Sancho” –agregó enseguida-, que representa “los pies sobre la tierra”, “cómo llegar a fin de mes” y “ser solidario siempre con el perseguido”.

Y recordó los vínculos familiares con Carlos Gardel y cómo se gestaron. Su padre, Santiago, “estudió música, era un pianista muy bueno y su género preferido era el tango”, manifestó. El abuelo de Marcelo era el representante de la compañía estadounidense General Motors en Paysandú y “papá y sus hermanos eran de una clase social acomodada”, lo que les permitía ir “de ‘garufa’ a Buenos Aires muy seguido”, asistir a los ensayos cuando El Mago grababa sus discos y “así fue que lo conoció a Gardel”, y también a Osvaldo Fresedo y a Francisco Canaro.

Cuando se organizó la gira de Gardel a nuestro país en 1933, él “cruza de Concepción del Uruguay en lancha y ahí lo estaban esperando (…) papá y un amigo de papá, y de ahí lo llevaron hasta la estación de tren y se fue a Salto”, recordó.

Después de brindar dos recitales en Salto, Gardel fue a Paysandú “y papá, en su Chevrolet convertible, lo paseaba por toda la ciudad” y lo llevaba al Café La Cosechera, que era “como el Sorocabana en Montevideo”, agregó.

Santiago Estefanell era aficionado a la fotografía y, “con su cámara Kodak”, tomó fotos de Gardel en el puerto sanducero y tomando mate, imágenes que fueron publicadas en la prensa de Paysandú, contó Marcelo en Carve.

Carlos Gardel le regaló a Santiago la partitura de una canción criolla que le dedicó especialmente.

“Mi viejo siempre hablaba de la generosidad de Gardel” –subrayó-, por ejemplo de una vez que entraba al Teatro Florencio Sánchez y ve a personas que no podían pagar la entrada –porque era “carísima”- y le gritaban: “Carlitos, Carlitos, queremos verte”.

Entonces, “desde la escalinata del Teatro, se da media vuelta” y dijo “no se preocupen, muchachada”, y “se manda para adentro con papá”, narró.

-Santiaguito, conseguime al gerente que quiero hablar con él –le pidió a su amigo sanducero.

Cuando el gerente del Florencio Sánchez fue al camerino, El Mago le dijo:

-Bueno, muy sencillo. Hágame entrar a toda esa gente que quedó afuera. No me importa dónde. Arriba, en el “gallinero”, donde sea.

-No puede ser –respondió el gerente.

-Si no, yo no canto. Si no entran, no canto –replicó Carlos Gardel.

“Dejaron entrar a todos y el Teatro se venía abajo. Se venía abajo”, resumió Marcelo Estefanell.

 

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