Del “Quédate en Casa” al hartazgo: El viaje emocional

 Del “Quédate en Casa” al hartazgo: El viaje emocional

La irrupción del coronavirus ha sido, entre otras cosas, todo un viaje emocional para la gente. Desde marzo a octubre, los sentimientos de la gente han ido cambiando en las distintas etapas de la pandemia y hoy, su baja reacción a los mensajes sanitarios, es claramente un buen termómetro de ese estado emocional, sostiene la Dra. Mercedes Van Rompaey, uruguaya experta en Salud Pública, residiendo actualmente en México.

Del miedo y la tristeza, a la frustración

Mientras en los primeros estadios de la pandemia – durante el “quedate en casa” – el sentimiento era de miedo y tristeza, en abril y mayo, de resignación y en junio, julio, agosto y septiembre de desconcierto, en octubre, pasó a ser de frustración. Actualmente, el sentimiento predominante en la población es de frustración, dice en su artículo la Dra Van Rompaey. Mientras que hubo un fuerte “sentimiento colectivo” durante el confinamiento inicial y un “reaprender a vivir” cuando empieza la “nueva normalidad”, en determinado momento comienza a dominar la incertidumbre por los cambios propios en la evolución de la pandemia y el correspondiente manejo de “las perillas”, sostiene la profesional.

El acierto del nuevo spot del Gobierno

Para la experta uruguaya, fue un acierto el nuevo spot de la Presidencia, donde se pone una vez más el acento en la responsabilidad de cada uno, para salir mejor parados todos. Hagamos un esfuerzo más, ya falta poco, es un mensaje potente que da esperanzas e inspira, valora Van Rompaey. Quiero felicitar a los profesionales que llevaron adelante esta pieza, y al Presidente en particular, dijo.

¿Y usted, con qué perfil se identifica?

Según un reciente estudio publicado por Think with Google se identifican en este momento de la pandemia, cinco perfiles entre los ciudadanos respecto a su estado de ánimo frente al Covid, que se distribuyen en forma bastante uniforme en la población global y local.

Los Resistentes. Son los más afectados económicamente, pero no se rinden. Es un perfil más “feminizado”, de hogares “monomarentales” con personas a su cuidado y de nivel socioeconómico bajo. Es el que más siente de todos los grupos, pero con más emociones  negativas (hartazgo, enojo, frustración, desorientación) que positivas (optimismo, esperanza, confianza). Se requiere de mucha empatía y motivación en la comunicación.

Los Asustados: Son los que están afectados emocional y sanitariamente; tienen personas cercanas con COVID. Son gente mayor, sobretodo pensionistas de clase media, con muy poca movilidad social. Priorizan lo sanitario por encima de lo económico, que ya tienen resuelto. Están anclados en la tristeza y la pesadumbre. Se requiere de  mensajes que transmitan seguridad y confianza.

Los Empoderados: Dicen no haberse visto afectados y tratan de tener la misma cotidianeidad que antes. Es un perfil más masculinizado y de alto nivel socioeconómico. No sienten mucho y sus emociones son mayoritariamente positivas.

Los Expectantes: La mayoría son jóvenes de entre 18 y 24 años. Están fuertemente preocupados por su propia realidad económica actual y futura. En este grupo se encuentran muchos que han perdido su empleo o han visto disminuidos sus ingresos por efecto del COVID. Contrariamente a lo que se piensa, después de los mayores, son el segundo grupo que le da más importancia a lo sanitario por encima de lo económico, pero a diferencia de ellos, su sentir está dominado por emociones positivas como optimismo, tranquilidad, esperanza y calma. Se requieren mensajes inteligentes, empáticos, que les asignen protagonismo.

Los Shockeados: La crisis los ha afectado mucho emocionalmente. No desconectan nunca. Su malestar es acumulativo y admiten que llevar esta segunda ola les está siendo muy pesado. Este grupo es ligeramente más masculino, con gran proporción de jóvenes y nivel socioeconómico bajo. Prioriza más que ningún otro lo económico por sobre lo sanitario. Destaca emocionalmente por sus fuertes sentimientos de frustración, tristeza y desconcierto. Requiere de  mensajes claros sobre cómo se están manejando los equilibrios entre lo sanitario y lo económico; la importancia de entender que lo primero influye directamente sobre lo segundo y cada jugador – gobierno, organizaciones y ciudadanía – debe cumplir su cuota parte. Cada ciudadano actuando individualmente con consciencia y responsabilidad, puede aportar un pequeño granito de arena, que hará una gran diferencia en el resultado final.

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