La explotación sexual de menores no es “una enfermedad”, sino “una expresión de dominación” y “de poder”

 La explotación sexual de menores no es “una enfermedad”, sino “una expresión de dominación” y “de poder”

“No sabía que era menor”, “ella me engañó”, “en realidad a ellas les gusta participar de estos eventos donde son explotadas” son “los tres argumentos principales” que los imputados por delitos sexuales cometidos contra menores de edad utilizan en las sedes judiciales para intentar defenderse, señaló en Informativo Carve Fin de Semana el sociólogo Luis Purtscher, presidente del Comité Nacional para la Erradicación de la Explotación Sexual Comercial y No Comercial de la Niñez y la Adolescencia (Conapees).

Al problema “lo vemos todos los días y de hace muchos años, y por eso insistimos con esta renovación de la campaña cuyo eje central es No Hay Excusas”, agregó el Lic. Purtscher, que preside el Conapees desde 2008 pero que investigaba el tema desde mucho antes.

No Hay Excusas es una acción conjunta del INAU (Instituto del Niño y Adolescente del Uruguay), el Conapees y Unicef (en español, Fondo de Naciones Unidas para la Infancia) que “busca visibilizar el fenómeno de la explotación sexual comercial de niñas, niños y adolescentes, desnaturalizarlo y motivar una postura de condena en la sociedad en general, informando, desarticulando los mitos e invalidando las excusas en torno al fenómeno”, han informado las entidades organizadoras de la campaña.

Purtscher explicó en Carve que las leyes 18.815 y 19.643 –relativas a la explotación sexual y la trata de personas- son “más que claras” respecto del tema y que “la sociedad está pudiendo ver el problema”, que se produce “a lo largo y a lo ancho de todo el país”.

Puntualizó que “desde hace ya más de cinco, seis años, en trabajos de investigación” se observa “que en todas las clases sociales los adolescentes pueden ser víctimas de explotación sexual comercial”.

Quienes cometen este tipo de delito “básicamente son hombres heterosexuales, portadores de la masculinidad dominante, expresión cultural del patriarcado en su faceta más perversa”, subrayó.

Enseguida, advirtió que “no estamos frente a una enfermedad”, y afirmó que se trata de “personas que conviven naturalmente en su vida cotidiana y social con toda normalidad” y que “muchas veces” cumplen “roles de relevancia” en sus comunidades y ocupan “lugares de privilegio”.

Sus actos constituyen “una expresión de dominación” y “de poder”, cometidos por personas que “tienen todo” y “necesitan romper con las determinaciones o los umbrales que la sociedad define como buenos o malos”, para poder “materializar esa relación de poder” y “un acto sexual materializa ese dominio”, indicó.

El Lic. Purtscher dijo que enfrentar el problema en el plano de sus causas “es una tarea bien compleja”, porque “tenemos un sistema que todo lo convierte en mercancía, donde todo se compra y todo se vende”.

Señaló que de este modo se conforma una “construcción del otro como objeto” y como “una mercancía” que se puede comprar, lo que “materializa ese ejercicio de poder desigual”.

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