Blog Suma | Una habitación propia

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La magíster en Economía e investigadora del Centro de Investigaciones Económicas (Cinve), Flavia Rovira, conversó con Informativo Carve del Mediodía sobre los indicadores de brecha de género en Uruguay.

El índice de brecha de género ordena a los países de acuerdo a un conjunto de variables que reflejan desigualdades en la dimensión económica, de acceso a salud, a educación, etc.

Mayor igualdad de género se correlaciona con economías con mayor potencial de crecimiento. En segundo lugar, brecha y potencial tienen un componente regional muy importante (los países de los mismos continentes forman conglomerados bastantes identificables, donde las mejores posiciones son ocupadas por algunos países de Europa, Norteamérica y Oceanía).

Uruguay ocupa una posición de mitad de tabla en ambas dimensiones. Sin embargo, cuando se analiza separadamente la posición del país en los distintos componentes del indicador de brecha, se encuentra que esa mitad de tabla se logra con muy buenos lugares en variables de igualdad en acceso a la educación y la salud que contrarrestan la pobre ubicación del país en las dimensiones de “empoderamiento político de las mujeres” y “participación económica y oportunidades”.

Una de las formas de entender la brecha en la participación económica es mediante el diferencial salarial, sobre lo cual hay abundante evidencia tanto para Uruguay como para el resto del mundo.

Estimaciones recientes (Wodon y de la Brière, 2018) sugieren que estas disparidades dan como resultado una pérdida per cápita a lo largo de toda la vida de unos USD 24.000. Otra forma de verlo, según el mismo estudio es que a nivel mundial la riqueza de capital humano (valor presente de las ganancias futuras de la fuerza laboral actual) podría aumentar en un 21,7%si existiera igualdad de género en los ingresos.

El menor acceso a los activos y a los puestos de decisión empresariales es otra  expresión de desigualdad, que además refuerza la anterior. Se intentó dimensionar esta brecha en el sector exportador uruguayo, definiendo liderazgo de mujeres como: mayoría de mujeres propietarias, o en su directorio, o a nivel de gerencias o su gerencia general es ocupada por una mujer.

El sector exportador es particularmente relevante en la economía, en tanto constituye un motor para otros sectores menos dinámicos. En él conviven las empresas y actividades más tradicionales del país con aquéllas más dinámicas y competitivas dentro de las nuevas actividades.

Encontramos que en Uruguay las empresas exportadoras tienen un fuerte sesgo a favor de los varones en sus máximos órganos de decisión, incluso mayor a medida que se avanza hacia las cúpulas decisorias (propiedad y gerencia general). Dentro de las empresas exportadoras de servicios sólo un cuarto son lideradas por mujeres, mientras que esta tasa asciende a un tercio para el caso de empresas exportadoras de bienes.

Se encontró además que a mayor liderazgo de mujeres en las empresas exportadoras encontramos una mayor tasa de empleo de mujeres con respecto a los hombres. No está claro si esta relación responde a que a mayor cantidad de mujeres en los puestos operativos, la probabilidad de ascenso es mayor, o si aquellas empresas que tienen mujeres en sus órganos decisorios tienen menores prejuicios a la hora de contratar empleadas mujeres, si en éstas existen menores brechas salariales lo que a la postre convierte a esas empresas más atractivas para las mujeres, o a otros motivos.

En cuanto al acceso a los activos empresariales, las mujeres son dueñas de porcentajes mayoritarios sólo en un 12% a 14% de las empresas de servicios y bienes. La brecha no parece cerrarse cuando se analiza el acceso de las mujeres a la toma de decisión. Tanto en las empresas exportadoras de bienes como de servicios, las mujeres ocupan tan solo el 12% de los cargos de Gerencia General. En tanto sólo en el 14% de las empresas relevadas las mujeres son mayoría en las tareas de gerencia o equivalentes.

En conclusión, la idea de la necesidad de la habitación propia a la que se refería Woolf sigue teniendo vigencia cien años después. Hacia el futuro, las novedades no son mucho más auspiciosas: según el Informe Global de Brecha de Género 2020 “ninguno de nosotros verá la paridad de género en nuestras vidas, y probablemente tampoco lo harán nuestros hijos”, al encontrar que la paridad de género no se alcanzará en 99.5 años.

Algunas acciones deberán tomarse sin embargo para al menos intentar ganarle a estas predicciones tan pesimistas. La evidencia parece sostener que en el caso de Uruguay, el enfoque voluntario de incorporación de mujeres a los puestos de conducción a través de sensibilización y recomendaciones no parece ser suficiente.

La existencia de voluntad política resulta imprescindible para la implementación de políticas con enfoque de género y la transversalización del mismo. Junto a ello es necesaria una acorde asignación de recursos específicos para llevar adelante el proceso, así como darle sostenibilidad en el tiempo para que la estrategia pueda ser transformadora.

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