La historia del Rockefeller criollo

 La historia del Rockefeller criollo

Seguramente muchos han soñado alguna vez con integrar la familia Rockefeller. Pero entre la fantasía y la realidad hay un abismo que algunos osados lograron superar. Los más celebres son un francés y un alemán. Ambos lograron vivir durante décadas como un Rockefeller. Sus historias recorrieron el mundo y hasta llegaron a la pantalla grande aunque terminaron en prisión.

¿Qué tanto habrán inspirado estas historias al Rockefeller criollo? Ese joven de 19 años que se creó un personaje y llevaba una vida que no tenía, haciéndose pasar por integrante del clan Rockefeller y por vice embajador juvenil en la ONU. Lo cierto es que no lo sabemos pero sí conocemos que su vida, al igual que la del francés y el alemán, ha estado marcada por las estafas.

La primera vez que Interpol lo puso en la mira era menor de edad y hacía estafas por Internet. Por un lado vendía artículos varios en la red y por otro contrataba gente para trabajar. A los interesados en comprar les pedía un giro a nombre de sus supuestos empleados. La tarea de estos era justamente giros cobrar. Hubo decenas de damnificados pero él tuvo la suficiente viveza para no dejar rastros. Y aunque fue investigado no tuvo un antecedente judicial por ello.

Por ese entonces también estafó a ACAC, la cooperativa de ahorro y crédito. A través de Facebook ofrecía a la gente acceder a una tarjeta de crédito para lo cual debían hacer un giro en Abitab que variaba entre $1.200 y $1.400.

Años después fue internado en el sistema de responsabilidad penal juvenil por una nueva estafa. Allí entró y salió en varias ocasiones. Todas por el mismo delito.

Estando en el Inisa participó de una actividad de Unicef. Según efectivos policiales, allí se inspiró o accedió a información que le permitió comenzar a crear su personaje: Jonathan Mastropierro de Rockefeller, vice embajador juvenil de la ONU en Uruguay.

En su entorno le decían “Rocke” porque él afirmaba que era pariente lejano de Rockerfeller. Decía que sus padres eran millonarios aunque no especificaba a qué se dedicaban. Su fortuna era la que supuestamente le permitía moverse en autos de lujo y contar con el servicio de guardaespaldas. Siempre se hacía llevar y traer al World Trade Center. Se movía en discotecas y shoppings. El Rockerfeller criollo no se enriqueció con la maniobra sino que se dedicaba a pasarla bien.

En esta ocasión las estafas eran en nombre de Unicef Uruguay y fueron a empresas de remises y una financiera.

Los efectivos creen que la maniobra de este joven es más grande de lo que se detectó y, por ahora, liberan de responsabilidad a los integrantes de su entorno, ya que no hay evidencias que los involucre.

Un capítulo aparte merecen sus redes sociales, particularmente su cuenta de Instagram, donde tenía más de 3.000 seguidores. Allí tenía una foto con el ministro de Trabajo Ernesto Murro y en una ocasión firmó un operativo policial supuestamente montado en la puerta de su casa y para que llegaran sus amigos. Manifestaba también un desprecio por los pobres.

El joven en realidad se llama Jonathan Gabriel Mastropierro Olivera, es oriundo de Lavalleja, tiene ciclo básico y ahora vivía en el Cordón. No tiene lazos familiares fuertes. Su madre aún vive en Lavalleja y el cada tanto viajaba a visitarla.

Al momento de su detención estaba bajo libertad vigilada. “Soy estafador, lo admito”, dijo ahora al ser interrogado por la fiscal del caso Angelita Romano quien tras un proceso abreviado lo condenó a 20 meses de prisión.

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