Hacia un uso más racional de los agroquímicos, en un marco de producción sostenible

 Hacia un uso más racional de los agroquímicos, en un marco de producción sostenible

“Hoy día” no es posible eliminar “rotundamente” los agroquímicos en la producción de frutas y hortalizas, porque son “un importante constituyente” del proceso productivo, afirmó en El Mercado Agropecuario el Ing. Agr. y M.Sc. en Patología de las Plantas, Diego Maeso, investigador principal del Inia en producción frutícola y hortícola.

El técnico fue anfitrión y disertante en la jornada “Uso racional de agroquímicos y nuevas propuestas tecnológicas para la producción sostenible de frutas y hortalizas”, que se realizó el pasado 3 de octubre en Inia Las Brujas y a la que asistieron más de 200 personas.

Expusieron múltiples y diversos actores productivos, técnicos, gremiales e institucionales del país, y fue conferencista invitado el científico italiano Antonio Finizio, Dr. en Química, Bioquímica y Ecología de Pesticidas, y profesor asociado en el Departamento de Tierra, Medio Ambiente y Ciencias de la Universidad de Milano Bicocca.

El Ing. Maeso agregó en Carve que es necesario “ir generando tecnologías” para usar los agroquímicos “más eficientemente y sustituyéndolos siempre que se pueda”.

Sostuvo que otro punto importante es “minimizar la exposición” y explicó lo que significa: “Lo tengo que usar. Es tóxico. Pero yo lo tengo que usar de una manera de que ese producto tóxico quede en el lugar donde yo quiero que quede y que haga efecto, y que no llegue a un consumidor, que no intoxique al trabajador rural que está aplicándolo, su familia, los vecinos”.

Y agregó enseguida: “Que no llegue al suelo, para que no esté interfiriendo con todos los habitantes normales del suelo. Que no llegue al agua, ya sea superficial o subsuperficial. Que no se volatilice y mediante deriva o distintos mecanismos llegue también a cultivos sensibles que pueden ser intoxicados, o gente que viva en la zona. Somos conscientes que la producción frutihortícola está en el área mayormente metropolitana”.

El investigador del Inia destacó que el Dr. Finizio señaló en la jornada que “en Europa se utiliza prácticamente todo tipo de maquinaria y boquillas” -entre otros elementos- para “minimizar la deriva”, que es la parte de la aplicación del agroquímico que no alcanza al “blanco” que es objeto del tratamiento.

En el evento también se subrayó la importancia de las herramientas biológicas (por ejemplo parásitos, predadores de insectos-plaga, hongos, bacterias) que deben utilizarse para “hacer un control biológico o sustituir, justamente, medidas de química”, manifestó el Ing. Maeso, que registra 38 años de labor en la Estación Experimental Las Brujas, es decir desde antes de que se creara el Inia.

El Instituto desarrolló el primer bioplaguicida nacional (Lecafol), elaborado en base a un agente microbiano de control biológico, en el marco de un convenio de vinculación tecnológica firmado en  2005 con la empresa Lage y Cía. S.A.

Lecafol es efectivo contra la mosca blanca -un insecto-plaga que afecta fuertemente a la horticultura- y su comercialización fue autorizada en 2013 por la Dirección General de Servicios Agrícolas del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca.

Maeso resaltó la labor de la Plataforma de Bioinsumos del Inia, que “está monitoreando, rastreando, buscando opciones” para desarrollar productos biológicos de uso agrícola basados en recursos genéticos microbianos.

Dijo que hay dos factores que dificultan que esos desarrollos estén disponibles “rápidamente” para el sector productivo: “hay que hacer pruebas de efectividad” -lo que “no es fácil cuando se cuenta con muchas variantes”- y, “después que la efectividad esté comprobada”, el producto “tiene que someterse a toda una serie de controles” porque “si bien los plaguicidas son malos, (…) hay sustancias orgánicas o biológicas que también son malas” y deben ser sometidas a análisis “por parte de los organismos del Estado, para proteger a nuestra población y a los usuarios”.

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