Roberto Fontana: hombre de teatro

 Roberto Fontana: hombre de teatro

Por Yamandú Marichal

Fue un maestro, un hombre de teatro en el más amplio sentido de la palabra. Actor, director, docente, dejó una herencia que aquellos que le conocimos debemos valorar. Severo pero respetuoso en sus críticas, afable, abierto al diálogo, sus comentarios fueron siempre una generosa  fuente de enseñanza. Era un hombre singular. Seguro, entusiasta, sus reflexiones surgían de pronto como pequeñas perlas de sabiduría. El  teatro era, claro, su gran  tema, pero también lo era la vida con sus misterios y sus sorpresas, tópicos que solía analizar en profundidad con un contagioso apasionamiento.

Fue un placer que jamás olvidaremos compartir  los encuentros con un grupo de amigos en un conocido café de la calle San José, donde se entusiasmaba con el último estreno de teatro, analizaba aquella película que había descubierto o compartía generosamente el último libro que había llegado a sus manos. Sus comentarios, en el acuerdo o en el disenso, eran siempre una fuente de enseñanza y de provocación que solía alertar a su interlocutor sobre algún aspecto diferente o novedoso. Era casi imposible que su entusiasmo no contagiara a la tertulia.

Aunque nunca se casó (no podía compartir dos responsabilidades tan grandes como los hijos y el teatro, explicaba) tuvo siempre a su alrededor una familia cariñosa de hermanos, sobrinos y sobrinos nietos que lo arropaba y admiraba.

En su larga vida tuvo varios reconocimientos. Fue distinguido con el premio Florencio (uno por su notable interpretación en “Galileo”, otro por su trayectoria), fue nombrado Ciudadano Ilustre por el gobierno departamental, fue distinguido por el Sodre y por la Comedia Nacional, elenco que quiso adoptarlo pero al que prefirió no integrarse porque deseaba conservar su independencia. Fue tambièn un pionero del Teatro Independiente,  compartió el nacimiento de elencos como El Galpón o Club de Teatro y ejerció la docencia en diversos grupos y en la antes llamada Escuela Municipal de Arte Dramatico (EMAD) En la docencia impuso un mètodo propio como profesor de Fonética y durante años fue requerido no sólo por actores sino  también por periodistas, politicos, locutores, e tc.

Pero ante todo era un hombre que amaba la vida.  Afable, solidario, de risa fácil y estentórea, entusiasta y generoso dejó su vida en el teatro. El teatro nacional lo agradecerá siempre.-

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